Hasta ahora siempre existió la posibilidad de que las personas-paciente que me rodeaban en las distintas consultas tuvieran, o no, lo mismo que yo. Pero en la sala de espera de la consulta de radioterapia las cosas han cambiado. Bajar allí, al 2º sótano de la Arrixaca, me ha colocado finalmente ante una evidencia. Somos muchos, de edades, condiciones y circunstancias muy distintas. Pero somos muchos, demasiados.
Por si no había sido suficiente con el diagnóstico, la operación, o ahora el puñetero seroma que amenaza con retrasarlo todo, me llevo otro bofetón de realidad, me introduzco aún más en esta situación, sintiéndome rodeada por un verdadero ejército de personas que comparten conmigo idéntico fin, vencer al cáncer.
No puedo evitarlo, mientras espero mi primera consulta, se me escapan las lágrimas. Las personas que allí están ya han pasado por lo mismo que yo, me miran a mí como a la última recluta que se incorpora a filas, con terror al comprobar que esto no retrocede, sino que continúa avanzando y no respeta edades.
Yo les veo con admiración, ya han superado lo mismo que yo y más, y además han peleado en la vida las batallas que les han tocado, y las que les tocarán, que es al fin y al cabo por lo que luchan, lo que les convierte en verdaderos héroes de carne y hueso.
El dr. Rodríguez me ha confirmado que el tratamiento se iniciará tras la quimioterapia, que serán 35 sesiones repartidas en 7 semanas, y me ha dado mucha información para que la estudie y le pregunte en la siguiente consulta las dudas que tenga. Con mis compañeros de ahí fuera, trataré de desterrar el miedo y estar más tranquila, ellos son mi ejemplo.
*Esta es la carta que, tras mi primera visita a radioterapia, escribí y envié al dominical de XL Semanal, obteniendo la pluma con que se obsequia a la carta destacada de la semana:
Soy una madre en funciones. Y una profesional, una esposa, una hija y una hermana en funciones. Y todo porque un cáncer de mama me ha mandado al banquillo de la vida. Mientras estoy aquí, aparcada entre la cirugía, la radioterapia y la quimioterapia, miro a mi hija de 20 meses y me doy cuenta de que vale la pena luchar. Pero no encuentro en ella, ni en ninguno de mis familiares, compañeros y amigos, el modelo a seguir para vencer a esta enfermedad, tal y como estoy decidida a hacer. Hasta ayer. En la sala de espera de la unidad de radioterapia del Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca lo encontré. Allí, mientras esperaba a que me atendieran en mi primera consulta ocurrió, miré y a mi alrededor y pude ver a personas que, con más o menos suerte, han demostrado a lo largo de su vida merecer un futuro más o menos prometedor, amenazado ahora por este tremendo diagnóstico. Padres, madres, abuelos, abuelas, hermanos e hijos de alguien que se preocupa por ellos ahora, igual que hicieran ellos antes, luchadores de la vida –que no del cáncer-, que ahora sacan todas sus armas para plantar cara a una situación por la que ojala no pasara nadie más a partir de este preciso instante. Y ahí están, ellos son. Cuando les adivino el coraje en las pupilas entiendo lo que quiere decir eso de ‘héroes urbanos’, y yo quiero formar parte de ese ejército ¡Suerte para todos nosotros!
jueves, 23 de abril de 2009
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